Por la independencia de España, Panamá abandonó la monarquía colonial y parió un nuevo sujeto: el ciudadano con derechos. ¿Cumplió la república esas promesas? ¿Somos un Estado laico? ¿Los ideales permearon la realidad? La historiadora y antropóloga Ana Elena Porras analiza la conquista, los desafíos y derriba tres mitos de la independencia de Panamá: la soberanía alcanzada por vía pacífica, el periodismo “objetivo” y la república de libres e iguales.
1. La cuestión del enfoque
Doscientos tres años atrás, Panamá declaró su independencia de España. Fue el 28 de noviembre de 1821. Mediante un cabildo abierto, la ciudad de Panamá, la Villa de los Santos y Santiago de Veraguas proclamaron que eran libres y soberanas, dando por finalizada la colonia.
Nuestros historiadores han insistido en señalar la emancipación como una acción “negociada y sin derramamiento de sangre”. Logramos darnos una república a punta de habilidad diplomática y negociadora, sin necesidad de empuñar ninguna espada ni disparar cañones.
Esta tradición resalta que, a diferencia de otros países de la región, en Panamá la soberanía fue conseguida por sentido de oportunidad y capacidad de tomar de decisiones de la clase dominante de comerciantes en la ciudad capital.
Como todo mito, el del país hábil para los negocios y reacio a los conflictos convenientemente invisibiliza hechos igual de inobjetables: los pagos de sobornos para desmantelar a los cuerpos militares realistas y la activa participación de Panamá en las guerras libertadoras.
El capítulo de los sobornos es ampliamente conocido: esos comerciantes de la capital suponían que la proclama y la intención independentista dispararía conflictos con los militares de la corona española que residían en el istmo. Lo que hicieron para disipar esos conflictos fue pagar sobornos a miembros del ejército.
Además de eso, está la cuestión de la supuesta ausencia de conflictos armados: Panamá participó en la etapa final de las guerras de independencia en el Perú, particularmente las guerras de Junín y Ayacucho, entre los años 1822-24, donde estuvieron los generales José Domingo Espinar, Tomás Herrera y mil quinientos soldados panameños, como José Antonio Miró Rubini y el abogado Manuel de Jesús Villarán y Barrena.
Hasta tuvimos un prócer en el Acta de Independencia de México: Isidro Ignacio de Icaza Iraeta, quien era primo hermano de otro prócer —Carlos de Icaza Arosemena, quien aparece en Acta de Independencia de Panamá—.
Sabemos que las interpretaciones, la jerarquización y las leyendas avivadas sobre nuestra independencia terminan alimentando ciertos imaginarios sobre nosotros mismos —“los panameños no peleamos revoluciones”, “los panameños no protestamos causas nacionales”, “no somos heroicos”, etc.—. Silenciar para olvidar eventos contradictorios a este mito, como son, en nuestra historia reciente, los levantamientos del 9 de Enero en 1964 y las protestas masivas contra la minería de noviembre de 2023, suele ser un recurso usado convenientemente por unos y otros para defender políticas y sostener sistemas a conveniencia con intereses sectoriales, cuyo impacto en la identidad nacional es la de una identidad negativa, colonializada y del “no ser”.
Si enfocamos la independencia de Panamá como circunscrita a las decisiones del 28 de noviembre de 1821, eliminamos del escenario información significativa que demuestra la complejidad de sus actores, desconociendo que había panameños realistas, independentistas y otros indiferentes. Algunos de ellos actuaron como negociadores y diplomáticos, otros como líderes, financistas o activistas. No faltaron los oportunistas ni los sobornos, pero tampoco los héroes que pelearon guerras por la independencia.
Por eso es importante llamar la atención sobre estos asuntos de enfoque y metodología en la selección de los hechos históricos: afectan sustancialmente a las conclusiones que alcanzamos, sosteniendo mitos avivados por determinados intereses.
Otro ejemplo es el de la identidad. La identidad panameña en 1821 era una identidad continental y, más específicamente, suramericana. Ajena a la identidad nacional panameña actual, específica y desligada emocionalmente de sus otrora identidades suramericana, centroamericana y caribeña.
En ese momento nos sentíamos peruanos y colombianos, a juzgar por la participación independentista de panameños en esos territorios y por las decisiones de sumarnos a la Gran Colombia junto con los venezolanos y los ecuatorianos, inmediatamente después de la independencia. También hubo panameños que se sintieron mexicanos, si apreciamos al prócer panameño referido que firma el Acta de independencia de México. Estas evidencias, sumadas a los frecuentes matrimonios entre panameños y ciudadanos de Centro y Suramérica, ofrecen información sobrada sobre los fuertes vínculos de una identidad continental, de preferencia suramericana con familias de los puertos del Pacífico, en 1821.
Adicionalmente a la conexión de Panamá en las independencias del Perú y México, entre otras, se puede observar en el Acta de Independencia panameña la firma de 3 peruanos: el obispo José Higinio Durán, don Antonio Planas y don Antonio Escobar, lo que viene a demostrar que la identidad continental es compartida y recíproca también por esas naciones con respecto a Panamá en 1821.

Captura de imagen del videoarte ‘Bajo la alfombra’, de Donna Conlon y Jonathan Harker. Panamá/ 2015. Disponible en este enlace.
Por otra parte, observamos que las naciones que formaron parte de la República Federal Centroamericana y otras que formaron la Gran Colombia, hoy celebran su independencia de España y no su separación de las confederaciones o uniones posteriores a sus independencias para la creación subsiguiente de sus Estados nacionales actuales. Contrariamente a ellas, Panamá conmemora con mayor efusividad su separación de Colombia y ha relegado a un segundo plano la conmemoración de su independencia de España.
La razón de esta decisión panameña, señalada por Omar Jaén Suárez, es que los próceres de 1903 desearon justificar la separación de Colombia como una necesidad para la realización de la vocación transitista de Panamá.
Otras razones apuntan a motivaciones más psicológicas y emocionales que políticas. La memoria histórica de los panameños percibe al siglo XIX como un siglo de sueños rotos y de fracasos dolorosos y humillaciones, que deseamos olvidar —los proyectos de la Gran Colombia, El Estado Federal de Panamá, El Estado Libre del Istmo, El proyecto francés del Canal de Panamá, son algunos ejemplos—.
El rescate de nuestra historia desde abordajes más amplios e incluyentes, que conecten los hechos más relevantes de nuestra historia entre sí, y no apenas sus antecedentes inmediatos, es tarea necesaria para corregir esa identidad contradictoria del Panamá actual que, por un lado, se piensa como nación global y centro del mundo, pero que se desvincula emocionalmente del Caribe, del centro y sur de América, por el otro.
2. El mito del periodismo “objetivo”
A contramano de la corriente anglosajona que promueve un periodismo “objetivo” y “ascético” —como si eso fuera posible—, despojado de ideas, de mirada y de pertenencia, el periodismo latinoamericano nació con un objetivo militante: lograr la independencia.
En Panamá, el origen del periodismo está en el periódico La Miscelánea del Istmo y su articulista regular, Mariano Arosemena, fue el primer periodista panameño. Mariano era el padre de Justo, el intelectual y político liberal más importante del siglo XIX panameño.
La Miscelánea del Istmo propagó y defendió la causa de la independencia y la Unión a Colombia en sus ejemplares. Hay consenso en el compromiso del periódico con la causa de la independencia y la unión a Colombia, durante y después de noviembre de 1821. Incluso llegó a imprimir, publicar y distribuir el Acta de Independencia de Panamá, el 28 de noviembre de 1821.
Los fundadores del periodismo en Panamá fueron los colaboradores de La Miscelánea del Istmo: Francisco Gómez Miró, Juan José Argote, Mariano Arosemena, Juan José Calvo, Manuel María Ayala y su director, José María Goytía quienes son reconocidos por todos los historiadores entre los próceres de la independencia de 1821.
Expresaban el pensamiento, las motivaciones y los intereses políticos, sociales y económicos de las élites de Panamá de inicios de siglo XIX, inspirados en la declaración de independencia de los Estados Unidos de 1776 y en los principios de la Revolución Francesa de 1789. Con frecuencia citaban a Rousseau, Voltaire, Diderot, D’Alembert y Bentham.
Por su parte, Ernesto Castillero y Rodrigo Miró consideraron al periodismo panameño del siglo XIX de Panamá como fuente histórica de una época de convulsiones políticas de constitucionalistas contra absolutistas e independentistas. Y más tarde, de liberales contra conservadores, todos bajo la complicada dialéctica característica de la Nueva Granada, que va formando, paulatinamente, una narrativa de vocación separatista de Panamá de Colombia que predominará sobre la narrativa favorable a la unión.
Para medir el impacto de estos periódicos, debemos recordar que la ciudad capital y los pueblos del interior eran pequeños y que no existían otros medios para la difusión de ideas. Por eso es recomendable incorporar el análisis de la antropología simbólica y la sociología en la historia del periodismo panameño, para observar el proceso de construcción de identidad nacional creando un sentido de pertenencia y valores compartidos entre la comunidad de lectores.
3. El legado y los desafíos
El legado más obvio de la independencia de 1821 es la república: a causa de la independencia, Panamá abandonó el paradigma monárquico-colonial, aniquilando los mayorazgos y los privilegios nobiliarios, para adoptar el sistema de gobierno republicano. Nace entonces un nuevo sujeto, el ciudadano con derechos y obligaciones, en lugar del súbdito.
En la nueva república se abolió la esclavitud, la religión quedó separada del Estado y fue suprimido el tribunal de la inquisición.
Doscientos tres años después, ¿esos ideales se plasmaron en la realidad?
Hoy enfrentamos un escenario de desigualdad y corrupción exacerbadas por el lavado de capitales y la narcopolítica, que crispan y polarizan a nuestra sociedad, generando desconfianza, temor, frustración y desesperanza. Estudios y encuestas evidencian que la democracia se tambalea. La igualdad, la libertad y la fraternidad aún es una utopía.
En este escenario, voceros de partidos políticos y de la sociedad civil organizada afirman que es hora de plantearnos la refundación o reforma de nuestra República, a través de una constituyente o de una reforma constitucional.
El escenario está profundamente dividido entre quienes defienden el estatus quo y quienes desean transformarlo o eliminarlo de raíz. Mientras grupos dispersos de la población más pobre se manifiesta en las calles, casi todos los días, para protestar por sus necesidades básicas insatisfechas e ignoradas por el Estado, y los trabajadores que reclaman su derecho al trabajo con salarios dignos, los grupos medios y altos se reúnen en privado en cafeterías, clubes, asociaciones y organizaciones cívicas compartiendo inquietudes, temores, ideas y propuestas.
Tanto los grupos de poder que defienden el orden establecido (desigual y corrupto) como los grupos que se oponen a ellos y propugnan por un cambio, son heterogéneos desde el punto de vista ideológico, afiliación política, social, territorial y religiosa. La diferencia está en que los grupos identificados con el estatus quo están consolidados y actúan de manera corporativa, mientras que los grupos por la refundación o la reforma del Estado están divididos y dispersos. En la medida en que los segundos no superen su sectarismo, ni logren sumarse como aliados estratégicos a pesar de las diferencias ideológicas, políticas, culturales y sociales, ni construyan puentes de comunicación, compromisos, ni causa común, los grupos que defienden el cambio continuarán encontrando dificultades en sus intentos por encontrar soluciones, que Panamá necesita con urgencia para construir un futuro más democrático, transparente y sostenible.
Imagen portada: Captura de imagen del videoarte Bajo la alfombra, de Donna Conlon y Jonathan Harker. Panamá/ 2015. Disponible en este enlace.

Ana Elena Porras
Ver másEtiquetas: España,Independencia,Justo Arosemena,Panamá,Periodismo


