El discurso poético femenino ha documento las imperfecciones del Estado panameño desde su origen, pero fue invisibilizado. Ahora, un diálogo intercultural entre Panamá y Marruecos pretende desenterrarlas del silencio. La poetisa y politóloga Gloria Young analiza en este ensayo los aportes de aquellas voces que nunca temblaron
Esto que somos. En lo más profundo de nuestras identidades, el camino que nos lleva a nuestra memoria de sociedad lo construyen las mujeres. Y, sin embargo, son invisibilizadas en los libros de texto que le enseñan historia —una supuesta historia — a nuestros niños y niñas.
En cambio, Panamá empieza por la palabra escrita de sus mujeres. Amelia Denis de Icaza, la primera voz lírica panameña, quien deja testimonios a través de sus versos durante su tránsito por nuestro controversial Siglo XIX, cuando logramos la independencia de España y nos integramos a lo que se llamó la Gran Colombia, liderizada por Simón Bolívar. Fueron años de mucha zozobra para nuestro pueblo, porque el sueño de Bolívar era válido, pero nuestros problemas como nación no se resolvían.
A PANAMÁ
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Amelia Denis de Icaza |
El surgimiento del Estado Nacional panameño, con todas sus imperfecciones, fue tema recurrente en la poesía de Amelia Denis de Icaza. En sus versos está la historia de Panamá como en ningún otro poeta, incluso, la premonición de lo que fue posteriormente por 100 años nuestra lucha por recuperar el Canal de Panamá de los norteamericanos.
ECCE HOMO
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Elsie Alvarado de Ricord |
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María Olimpia de Obaldía |
Esta primera generación de Panamá se viste de gala con Zoraida Díaz, la primera mujer que publicó un libro de poesía en nuestro país, “Nieblas del alma”, en 1922. Feminista en su época, se edita su hermoso libro justo un año antes de la fundación del Partido Nacional Feminista del Centro Renovación, en septiembre de 1923. El segundo partido feminista más antiguo de América Latina. El primero fue el Partido Feminista Nacional de Argentina, en 1918. Fundó también la primera escuela de alfabetización nocturna de adultos, enfrentándose a los gamonales de la época.
Igualmente de vitales son las voces de mujeres que se erigen en la voz nacional de la campiña panameña, como María Olimpia De Obaldía. Una mujer transgresora en su época. Se atrevió a escribir Ñatore May, que la sociedad le puso un velo romántico, pero es un poema que denuncia la violencia doméstica, la violencia social sobre un sector de la población, que denuncia la pésima distribución de las riquezas.
También voces que son himnos del folclor del país, con poemas que todo estudiante en sus primeros años de primaria, se aprenden de memoria, como el de Ana Isabel Illueca.
[divider height=»30″]MI POLLERA
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Zoraida Díaz
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Pero también es la autora de un poema que denuncia la sociedad patriarcal:
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Las investigadoras panameñas definen una a una las palabras más cercanas a nuestra identidad nacional que aparecen en los poemas de Ana Isabel Illueca, proyectando imágenes que nos definen con una capacidad de comunicación excelente. Así, nuestra cultura, con su gracia y sus costumbres, se torna atractiva al otro y deja un sabor de encanto y de ganas de conocer al país que nos vio nacer.
Esta generación lo culmina el estudio sobre Elsie Alvarado de Ricord, quien llegó a ser, y por muchos años, la Presidenta de la Academia Panameña de la Lengua. Es un ensayo excelente que dibuja a la poeta, académica, lingüista, crítica literaria que fue esta gran poeta panameña, la que más influencia ha tenido de la literatura hispanoárabe. Un cierre de lujo que nos regala la investigadora y escritora Yolanda Hackchaw para esta primera generación de panameñas.
Justo donde termina Panamá su primera generación, empieza la literatura escrita por mujeres marroquíes. He allí un reencuentro en la historia y en los versos, ya que fue a mediados de los años sesenta y principios de los setenta que surgen los textos poéticos escritos de estas poetas.
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| (Mohammed Abid, Málaga, 2017) |
La historia de dos países
Si bien es cierto que la historia de un país y sus diversas expresiones es de por sí importante tan solo por existir, lo es con mayor fuerza en el reconocimiento del otro. Es por ello que el acercamiento de Marruecos al modo de pensar de sus mujeres poetas y el develamiento de cómo discurre la realidad social, política y cultural de su país mediante el discurso poético femenino hasta el día de hoy, abre otra dimensión a las alternativas oficiales de cómo conocer la historia.
Las investigadoras marroquíes visibilizaron las voces femeninas precursoras, aquéllas que no dibujaban letras, sino que cantaban los versos, y nos regalaron
Al Fasiat o los cantos de primavera
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Y nos sorprendió la mirada con At-tabra, ese canto que significa diferentes estados de ánimo de la mujer hassaní.
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Y qué decir de la poeta Amazigh MRIRIDA. La mujer rechazada por su tribu con versos de imágenes atrevidas e insólitas que relatan la sociedad de inequidad hacia las mujeres y hacia un grupo social.
La segunda esposa
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Siempre es así sobre esta tierra
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Es interesantísimo la visibilización de la multicultura de las poetas marroquíes, que escriben en diferentes lenguas. Se pueden leer versos de la poeta de confesión judía Simy Zerrad Chokron, quien escribe en español. De Malika El Assimi o Touria Majdouline, quienes escriben en árabe. Otras se expresan en francés, como Hafsa Bekri Lamrani o Rachida Madani.
Secar al sol la presencia de la poeta marroquí Saida Lamnebhi, fue de un valor envidiable. Poeta que con tan solo 25 años de vida nos regala una poesía de combate y amor. Poeta que retrata una época difícil de Marruecos y que desde la cárcel donde la encerraron, y en la que murió, empuñaba su mejor arma: la palabra escrita.
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El silencio cómplice de los libros de historia que nos endulza el aprendizaje con mentiras y omisiones. Saida Lamnebhi, afiliada al primer sindicato marroquí, Unión Marroquí del Trabajo, fue una víctima más de los años del plomo. Todas las torturas físicas y psicológicas en el centro de detención Derb Moulay Cherif de Casablanca no pudieron enmudecerla. Escribió en la cárcel hasta que murió en el hospital Averroes de Casablanca, después de 34 días de huelga de hambre. Todo el control por parte de la policía marroquí para ocultar su producción poética y literaria, antes y durante su encarcelamiento, dificultaron conocer ampliamente su obra, pero su voz, como mil otras, luchó por ser escuchada:
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Un final de sueños despiertos
Cuando el estudio de Marruecos alcanza a las poetas de última generación, encontramos la proliferación de la producción poética femenina. Aunque la mayoría de las poetas escriben en árabe clásico, hay otras que eligieron expresarse en lengua amazigh, en el árabe dialectal y el hassaní y también en francés, en inglés y en español. Estas identidades múltiples que conviven en Marruecos, esto diverso, complejo, enriquecedor, marca lo que es hoy esta sociedad.
La diversidad cultural de Marruecos, sus valores, sus ideales políticos, sus sueños logrados o truncados, imaginados, se mezclan en una sinfonía de voces líricas fuertes, donde el yo poético alcanza su máximo esplendor. En este país islámico, donde coexisten todas las religiones, el cuerpo de la mujer empieza a surgir sin temores, aunque con algunas contradicciones. La poesía de Fátima Zahra Bennis irrumpe con imágenes como ésta:
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Esta poeta es la primera que llega a conocerse en Panamá con su último libro, Al borde de una vida fugitiva, con una traducción al español por parte de las traductoras Rajaa Dakir y Nadia Baline.
Es una época de mujeres muy preparadas profesionalmente, con un dominio de varias lenguas, al punto que pueden escribir en la de su preferencia. Llama la atención la poeta que escribe en lengua amazigh con una creatividad inusitada, Khadiŷa AROUHAL.
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Lazos entre historias
Por ello, como decía la inolvidable Diana Morán, “tenemos que ser tercos”. Y tercas fuimos cuando construimos una alianza académica entre la Universidad Hassan II de Casablanca, a través de su Laboratorio de Investigación sobre Marruecos y el mundo ibérico e iberoamericano y la Universidad de Panamá, a través de su Centro Regional Universitario en la provincia de Coclé.
Decidimos que los nuevos actores de la cooperación sur sur y de la diplomacia cultural serían las mujeres. Las que contaron historias de sus países, aquellas que se escabulleron por las tardes silenciadas por los escritores de textos de historia escolares. Decidimos que nadie tendría por qué decirnos que la historia hay que estudiarla en esos libros misóginos anclados en nuestros sistemas educativos.
Por ello, rescatamos la voz poética de las mujeres de la primera y la última generación de Panamá y Marruecos; esas palabras que narraban los acontecimientos, formas de vida, sueños sociales truncados, asesinatos y asentamientos de poblaciones de ambos países, para que se conocieran; se reconocieran con las sillas y las mesas de la patria.
Surgió entonces una línea de investigación que se propondría posteriormente a la Universidad de Panamá. Una línea de investigación que promocionara a nuestros países en base a la riqueza de nuestra diversidad cultural, visibilizando la historia de nuestros pueblos desde la construcción de nuestras identidades hasta las manifestaciones más contemporáneas. Se trataba de entablar un diálogo intercultural que posibilitara nuestro redescubrimiento mutuo. Un intercambio que permitiera conocer y cimentar puntos en común desde realidades diversas.
Se rescataron de los cajones polvorientos de la crítica literaria tendenciosa y del estudio de la historia que oculta a los verdaderos protagonistas: la voz de las mujeres.
La visita de la escritora Mariafeli Domínguez a Marruecos potenció esta dinámica al dictar conferencias sobre la literatura panameña en la Universidad Hassan II, al asistir a clases de la Directora Adjunta del Laboratorio de Investigación sobre Marruecos y el mundo ibérico e iberoamericano, Rajaa Dakir; al dialogar con los investigadores de la parte marroquí. Panamá y Marruecos se enriquecieron, traspasando incluso los cánones de la diplomacia cultural.
Panamá llega a su contemporaneidad con poetas que son testigos de los cambios vertiginosos que deja la humanidad en todos los ámbitos; la tecnología que atrapa la sensibilidad del ser humano, el cambio climático, el amor en tiempos de desamores, una mujer empoderada y encerrada también en contradicciones. Después de nuestra profusa poesía antiimperialista, en el proceso de recuperación de la antigua zona del Canal, las jóvenes poetas conquistan la sencillez de la palabra definitoria y amatoria, sin dejar de lado los temas de las injusticias e inequidades, la violencia, la falta de solidaridad, los movimientos del nuevo orden mundial y conquistan creativamente los espacios para lanzar sus versos en vivo hasta en los transportes públicos, a quien quiera o a quien no quiera escuchar.
Es por ello que las poetas panameñas de la última generación llaman la atención por ser cineastas, músicas, animadoras socioculturales, abogadas, yoguis, activistas sociales y políticas, muralistas… En fin, llaman la atención por su desparpajo, por sus denuncias creativas, por su lirismo y sobre todo, por su valentía.
Corina Rueda nos dice:
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En cambio, Zakira Mussa Pinesa Donado, en su visión afrodescendiente de la vida desde la ciudad atlántica de Colón, marcada por una histórica inequidad social, nos dice:
Soy de Colón ¿No lo parezco?
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Las poetas panameñas de la última generación no se detienen ni guardan el secreto de las pugnas y los intereses políticos y económicos que viven en la memoria del mundo. Van más allá, como dice Sofía Santim:
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Marruecos y Panamá se han reencontrado en la historia desde la mirada de sus mujeres poetas. Nos provocan una reflexión crítica y constructiva de la historia con una diversidad lingüística enriquecedora, con puntos en común, dignos de nuevos estudios y desde una estrategia de cooperación sur sur que selecciona a nuevos protagonistas, la academia y las escritoras, que se insertan en lo más sensible de cualquier sociedad: el conocerse desde las letras; aquéllas que duelen y las que alegran el corazón; aquéllas que pretendieron amordazar, pero se escabulleron por las rejas de una cárcel; aquéllas que gritan todos los sueños posibles de sociedades vivas y dinámicas, separadas por el rugiente Atlántico, que también nos une en sus profundas corrientes marítimas.
Las mujeres de estos dos países les deben mucho a estas mujeres de voz sin temblores. A las primeras y a las últimas. Las de hoy nos demuestran que el miedo, el no puedo, el tal vez, el quizás, no debe estar en nuestro diccionario personal. Esas muchachas nos están superando a las mujeres políticas, nos están demostrando, como nos demostraron las de la primera generación, que la palabra y la acción, van siempre de la mano. Por ello, no sólo las debemos admirar y respetar, sino emular, imitar, seguir, tomar la decisión de ir más allá de donde estamos. Porque ya es hora de no seguir dejando atrás las palabras que construyeron nuestra historia.
Nosotras, éstas, las que somos, las que estamos aquí, las que decimos que queremos un país diferente, pero hacemos tan poco para lograr ese país diferente…qué tal si nos recordamos de ésas otras, las de ayer, que ya dejaron de ser antiguas, porque siguen vigentes sus palabras y ¿qué tal si tomamos de ejemplo a éstas otras que parimos el día de ayer?

Gloria Young
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