En el principal vertedero de Panamá, cientos de recicladores de base trabajan sin agua, sin protección y entre riesgos constantes. Esta fotogalería muestra el lugar donde la basura se mezcla y quiénes sostienen con el cuerpo una parte de la solución.
Cerro Patacón recibe dos mil toneladas de basura cada día. Lo que llega mezclado termina enterrado, pero antes pasa por las manos de recicladores que separan lo que el sistema no logra procesar. Sin ellos, el volumen de desechos sería mayor y la presión sobre el vertedero —que ya superó su capacidad— sería aún más crítica.
En La Galera, un galpón sin paredes, sin agua y con techos perforados, decenas de trabajadores clasifican materiales en condiciones precarias. Abren bolsas con restos orgánicos, vidrios y objetos punzantes. Cada jornada puede terminar con cortes, infecciones y enfermedades por la exposición constante a gases y residuos tóxicos.
El riesgo no es solo individual: el vertedero libera metano y lixiviados que afectan el ambiente y la salud. Mientras el país recicla menos del 10% de sus desechos, los recicladores sostienen un sistema informal que reduce el impacto, sin reconocimiento ni condiciones mínimas.

Nicanor Alvarado























